domingo, 14 de junio de 2015

La persistencia de la (mala) memoria. Grecia baila con traje de morenada.




 La reciente polémica sobre una incipiente nueva arquitectura andina (sobre la que no expresaré opinión en esta ocasión) me llevó a divagar por muchos temas construyendo un entramado bizarro en mi cabeza, entre los temas que vinieron a mi mente se coló un recuerdo de los años de la universidad. Preparando la clase sobre arquitectura griega y romana me topé en la red con reconstrucciones contemporáneas que mostraban edificios y esculturas profusamente ornamentados y coloreados en azul, ocre, rojo intenso e incluso aplicaciones de oro; de inicio me pareció un ejercicio de re-interpretación interesante pero un tanto exagerado, avanzando la lectura descubrí que no era una hipótesis si no una certeza arqueológicamente sustentada: los griegos y los romanos amaban el color en sus edificios y esculturas, la presentación de esta información en clase supuso cierta sorpresa en el docente y el descubrimiento de la historiografía como ciencia en desarrollo constante, por parte de los estudiantes.

El capítulo bastante posterior, sXVIII, sobre el neoclasicismo les significó (a los estudiantes) la posibilidad de afirmar que toda una corriente arquitectónica y varios siglos marcados por este estilo hasta hoy, llevaban el sello de la falsedad, sólo  ligeramente intencionada si se quiere, pero parte de los cánones, de sobriedad, pureza y blancura que tanto se alabaron y se alaban, como parte de la arquitectura clásica, no eran si no las ruinas de un colorido pasado, diremos entonces que parte del neoclásico se fundó sobre vestigios, un esqueleto.
El resto fue voluntad y fantasía, la construcción simbólica del arte clásico se tradujo entendiéndolo como una sofisticada aplicación de la lógica, el interés centrado en el material y la funcionalidad; por lo tanto libre de ornamentos, una manifestación de la rigurosidad de una mente racional y educada. Esta valoración positiva de la austeridad ornamental, de la monocromía y el desprecio por lo decorativo nos persiguieron y fueron parte de los principios de la modernidad.

Algo parecido podría sucedernos si conociéramos el aspecto original de las piezas de Tiahuanaco en las que aún hoy se aprecian las hendiduras en las que iban sujetas aplicaciones de oro, la sola popularización de estas hipótesis en forma de imágenes podría significar el cambio de una gran parte del imaginario sobre esta cultura que queremos entender como solemne y austera.

La conclusión lúdica de todo esto será que con su avezado uso del color y afición al ornamento, la nueva arquitectura andina, tan popular en El Alto, se aproxima más a los cánones de belleza clásica que por ejemplo la mayoría de los edificios ícono de la modernidad, pero no, no todo es jugar con los prejuicios y legitimarnos por similitud con el otro.

La invitación que nos plantea esta historia (siempre hay varias) es la  de sospechar que el pasado y los cánones que tenemos como ciertos no sólo pueden cambiar con el tiempo, sino que nuestra mirada, nublada por el polvo de los siglos, puede nunca haber comprendido, que de toda realidad conocemos apenas pistas y que una gran parte la hace la voluntad y la fantasía, y esta certeza que permite existir a la historiografía  es la misma que sustenta la construcción de todo el conocimiento, develar una imprecisión entre los cánones de la belleza clásica no hará caer todos los edificios neoclásicos, se seguirán sosteniendo en la tradición y en sus proporciones, también inspiradas en los clásicos, que nos seguirán resultando armónicas y agradables, surgirá eso sí, cierta sonrisa cuando alguien nos diga que imitan a los griegos.

Planteada la sospecha inicial, nos atacarán otras, si los símbolos de cada cultura no sólo se construyen como manifestación de cierta esencia del grupo que la conforma, si no también como signos de diferenciación frente a otras, ¿no pueden ser las pretendidas blancura y racionalidad propuestas como propias de lo más elevado de la humanidad, sólo la canalización de una voluntad de diferenciación frente a manifestaciones artísticas de los otros, tan pintorescos, populares e inclinados a la voluptuosidad ellos, ya sean el rococó francés tan de moda por entonces o las fachadas del populacho con plata? La pregunta es larga pero la reflexión no tanto, me imagino que estas sospechas, que son posibilidades de análisis, quedan cortas frente a las que a usted se le habrán planteado, dude y luego diviértase especulando, que no se quede este ejercicio como atribución exclusiva de los historiadores y teóricos.


 Un fragmento encantador sobre el tema, el que nos ofrece Richard Weston en su libro Materiales, forma y arquitectura:



(...)
Al redescubrimiento y estudio de la arquitectura griega a finales del siglo XVII, que fue un importante catalizador para el movimiento neoclásico, siguieron varias corrientes nuevas (a principios del XIX) de investigación arqueológica por parte de eruditos británicos, franceses y alemanes. Sus hallazgos iban a sacudir las bases de la estética neoclásica. En 1815, Quatremere de Quincy sembró la polémica en toda Europa al publicar un libro con las reconstrucciones de las estatuas colosales perdidas de Zeus y Atenea, obra de Fidias. Coloreadas y con incrustaciones de oro y marfil, difícilmente podrían estar más lejos del amado blanco de Winckelmann. Posteriores trabajos de campo ofrecieron pruebas irrefutables de que, lejos de ser modelos de blancura, los templos griegos mostraban huellas claras de color aplicado, confirmando así las sugerencias halladas en los textos clásicos conservados (que habían sido convenientemente ignorados o explicados someramente con referencias que sólo aludían a pequeños detalles, no a superficies enteras).


Después de las excavaciones realizadas en Selinus, Sicilia, Jacques-Ignace Hittorff (arquitecto alemán afincado en París) realizó dibujos basados en conjeturas de una reconstrucción de un pequeño templo polícromo. Y provocó a su vez una enorme controversia que llegó a un punto de tal acritud que acabó siendo conocida como “la guerra polícroma”.[1]Un siglo más tarde Frank Lloyd Wright  todavía denunciaba que “los griegos abusaron vergonzosamente de la piedra, no entendían su naturaleza en absoluto, excepto como algo para ser pintado o dorado hasta quedar irreconocible”.[2] En cambio, para Ruskin y su amor por el color, era lamentable que los “templos cuyo azur y púrpura brillaron una vez sobre los promontorios griegos” hoy “presenten una blancura apagada, como nieve que el amanecer ha enfriado”.[3]


Las sucesivas generaciones  de estudiantes de Bellas Artes ofrecieron muestras cada vez más intensas (y, todo hay que decirlo, más inverosímiles) del mundo antiguo repentinamente colorido. Todo esto habría quedado restringido al interés exclusivamente académico de no ser por el hecho de que el tema del color dio en el blanco de una crisis en ciernes de la arquitectura europea (que bien puede resumirse, aunque de un modo simplista, como la división entre aquellos para quienes la arquitectura siguió siendo principalmente una cuestión de estilo y “diseño” y la nueva “raza” de funcionalistas que la consideraban como el arte racional de la construcción, y que necesitaba encontrar nuevas formas para materiales nuevos).
 (...)


Una de las reconstrucciones hipotéticas de Hittorff


 Para darle un vistazo a otros gráficos del libro de Hittorff clic aquí
 Más ejemplos de policromía en Grecia y Roma por aquí 

***


Así las certezas de la historiografía se derriten ante nueva evidencia, pero no sus consecuencias. Cuando le pregunten de nuevo porqué le disgusta esta nueva arquitectura andina, tal vez tenga que pensárselo mejor, mirar su casa, la casa del vecino (copiada de un catálogo gringo pasado de moda),  imaginar la casa de sus sueños y construir un argumento que no esté sustentado en ruinas. 

*** 

La posición de Semper, quien de inicio se adscribiría al criterio de los funcionalistas, para luego defender el color y el ornamento como elementos constitutivos de la arquitectura, son parte de los párrafos siguientes que no transcribo en este post y que espero compartir en otro.


[1] Para la “guerra polícroma” véase David van Zanten , The Architectural Polychromy of te 1830s (Nueva York, Garland Publishing, 1977)
[2] Frank Lloyd Wright, op. cit., pág. 174.
[3] John Ruskin, las siete lámparas…,cap. II, XVIII.

lunes, 18 de mayo de 2015

Ando tirando mierda y besos.



Ando sembrando mies y versos
Presumo.
Ando tirando ropa y carne
Evoco.

Anduve, anduviste,
Andamios ad amantium.
No te doy el corazón,
Traficas, plantas.

Resbalo en un lugar sin nombre,
Respondes.

Sámaras indehiscentes
Arce, abedul, olmo, abeto.
¿qué siembras?
Anduve un bosque.

Pongo el corazón, debí poner la lengua,
Rectifico,
Deslizo la lengua donde escondo el pulso
Escapo.

Estrujas, abres la carne,
Sacudes.
Siembras. ¿Siembras?
Siembra el aire, siembra la luz.


La luna tropieza, se cae el sol
el viento, una voz
me siembras palabras que vuelan

anemócora.

viernes, 8 de mayo de 2015

Arquería.

Cuando por el gran deseo
Soltó la seda de sus caderas,
El fulgor de las joyas de su cinto
Formó una tela transparente.
En vano el amante miró.
En vano se avergonzó ella.
En vano tiró él de la tela
Y ella en vano se cubrió.*


Arcadas no, arquerías, tres arcos de medio punto en una tele empolvada. 

Las escaleras te llevan  de una ciudad a otra, en el descanso: a otro continente, el ojo musical refleja la galaxia en sus iris. 


***
Subía agitada la pasarela, bajaba empolvada, con la ciudad encima.

***

La ventana electrónica brillaba, traía el sol,  naranja que vestía las piedras.
Tres arcos, cuatro columnas, perfectas, pulidas, inmóviles. En medio algo se agitaba: ¿una columna, o dos? 
Bajo el arco central una columna se tejía ¿salomónica?, bailaba con la luz, giraba sobre sí, el capitel se mecía, se inclinaba bajo la clave, redibujaba la curva.

¿Es una columna, o magma hirviente? entre los arcos la columna se balancea,  sostiene apenas  mi mirada.
El magma se desliza lento, de la clave al fuste, destella fuego, refleja bronce, simula oro fundido, se ondula, derrite, en medio...un borbollón, dos, algo pulsa en su interior, un sitar y un bansuri acompañan su cadencia.

No eres de piedra, ni de magma ardiente, Sansón herético, brazos ondeantes.No vas a derrumbarlo todo y no yacerás bajo el templo.Ya seremos.

Invocas a los dioses o eres uno.

Dos serpientes se entrelazan: tus piernas, no era salomónica la columna, no, sueño de un lago en Bombay.

La organza roza la cadera y tu torso se entrega a la luz, eres una columna, una mirada de fuego, un vientre de lava, lava que se derrite y cae, magma que hierve y salta, en el medio se integran y una gota: tal vez tu ombligo, engarza la columna, que completa, se ondula y vibra más violenta.


***
Yo, polvo encima, cielo sin naranja, qué puedo saber de lavas que bailan.
Me reclino apenas, o pendulo, con los bronces. 
Yo, carnaval frío; mojado, fiesta y granizo.
Vuelvo los ojos, ciudad abajo, columna mental, sostén de la nada.
Quédate donde perteneces.
                                                                       ***  

Tú, veintidós lenguas,cascabel, subcontinente.
Halo de canela, ciclón, cadena, monzón.  
Ojos de sol,
Yo tonta.
Barbilla baja y labios separados, 
yo montaña, apenas te intuyo.
             


El paraíso es una sala hipóstila, o en su defecto una curva lumbar.


*Poesía erótica sánscrita
http://aleph.academica.mx/jspui/bitstream/56789/31570/1/24-080-1989-0469.pdf

Très bien.

Hay una obstinada obsesión, mi vientre.

No por la suavidad, no por  la lánguida curva que ha ganado con los años, no.
Están las posibilidades, las semillas que no se han cultivando, la simiente que no ha dado frutos, los frutos que no han visto la luz.

La mirada, las ansias, el empujón extático, el suspiro.

Que más puedo pedirle, el soporte al bisturí, la contracción del placer, la cicatriz, la resiliencia, el cosquilleo, la tormenta.

Tres nombres y tres cavidades, tres tiempos, tres horas.

Obstinado ósculo.






Nueve

Uno de nueve

Te entregabas a la cumbia por entonces, más por renegado que por tener el ritmo en el cuerpo, te devolvimos al funk donde pertenecías, te vimos moverte como pez en el aceite con los huayños peruanos.

Todo parecía un viaje, un trip extremo, siempre acelerado, siempre dramático. Te sacudimos en las gradas buscando una emoción, te sacudieron después los celos; las palabras, verdes y burbujeantes salieron destrozándote la boca. Te tomó tiempo regenerar el par de pétalos que tenías por labios, mientras sucedía, se agitaban al sol otros gérmenes buscando emerger y abrirse en tu piel. Le dimos humedad al sembradío.

San Pedro, Landaeta, Plaza El Cóndor, si las calles hablaran dirían no me asfaltes, poco les importamos nosotros, inmersos como estuvimos en el simulacro del amor.

Nueve de nueve


El rock n roll, inicio y fin, nos unía una cinta de cassette, un compilado Liverpool, una rareza de La Máquina, unas  notas robadas en Sucre.

Nos separaban las cosas que no dije en 10 años y las que no hiciste en ese mismo tiempo, el mundo se entendía apenas como una discreta banda sonora, flotamos entre esferas de gelatina y queso, la realidad que todo lo derrite nos puso a caminar sobre agua hirviente.

Ir y venir(se), caminar y encontrar(se), no había fin, y no lo hubo, no fue amor porque faltó el manual, no fue boda porque no concebí el futuro.

Centro y Villa, umbral y ventana, todos los rincones, todas las contorsiones, todo lo recorrimos, pero el mundo no es tan grande y se agota, la cinta se rompe, el sonido se opaca.
Cuando me extraño a mí misma te canto, pero la banda sonora de la vida hoy es más fuerte, no hay manera de rebobinar.

Seis de nueve


Sonreías como un  animalillo en la oscuridad, un cascabeleo ronco con eco de caverna. Me atemorizaban tus ojos de largas sombras, tu piel gris,  mate y tibia. Siempre vibrabas.

Te conmovía la cruz y te sacudía una historia rocambolesca de genes y arcones familiares, te perseguían la muerte y la vida que acababas de dar. Un arpón escapado de entre mis costillas o una flecha nacida en mi dedo meñique nos habían puesto tan cerca.

La atmósfera nacía entre tus dientes, siempre cálida oscura y envolvente, siempre tan lluvioso tú, siempre tan brumoso.

Movías las piedras al mirarlas, moldeabas el acero. La barbilla afilada y la barba suave, cierto aire de guerrero moro, las puntas de tus dedos, esferas, proyectiles, me sacudías  como a las piedras.
Te di un beso en el foyer del cine, fuimos el film.
Corrimos cuesta arriba, contamos las luces, unimos las gotas de rocío, bebimos la niebla, esperaste.
Esperé, una ráfaga antimotines me paralizó la cintura. Los guijarros bajo nuestra sombra intentaban una canción vieja,  la repetían con esfuerzo, nos congelamos  frente a un abismo de luces, a tus pies la vorágine; a tus cabellos, la escarcha.

Susurraste un bolero a medianoche, abrí los ojos y las sombras largas fueron mías. Me eché a correr.

martes, 12 de agosto de 2014

La casa de Abilio y la torre de Hans

Carlos Villagómez
La Paz tiene futuro en la creatividad de sus individualidades más que en sus colectividades. las instituciones y los grupos fracasaron en el proyecto de edificar una  ciudad y acorde al excepcional sitio natural que la cobija, el mamotreto urbano construido por acciones colectivas, municipales o estatales, así lo confirma. Por ello creo más en los proyectos personales como los que paso a relatar.

Abilio construyó su casa en esta ciudad. Esto no tendría nada de extraordinario si no conocemos el maravilloso lugar por el concebido y edificado. Al borde del río Choqueyapu (río de muladares y cloacas) construyó una casa de madera toda ella: de madera sus pisos, sus paredes, sus muebles, sus objetos y hasta de madera su jabonera en el baño. Con cuanto amor Abilio trabajó, detalló y ensambló la madera para edificar una joya residencial, perdida a orillas de ese río cloaca. Por si esto fuera poco, rodea a la casa un jardín con florales, árboles y patos en un ambiente bucólico en pleno centro paceño. La experiencia de recorrer la casa de Abilio es única, enaltecedora y reconfortante en medio de nuestra basura edificada. Una parte que es una pequeña cabaña a la manera simbólica de Laugier, se desarrolla en la altura del predio y ahí quizás esté el espíritu que cuida la obra; desde ahí se observa el vergel que año a año sigue creciendo y reverdeciendo el sitio. Más abajo ya en un alarde más innovador ha desarrollado un nuevo volumen que no desdice el conjunto en general, más bien lo acompaña, lo sigue  en es el juego sutil de las obras que parecen emerger del sitio, aquellas que sientes íntimamente que siempre han estado ahí, de una manera natural y simple. No es fácil llegar a tal resultado, se requiere ser Abilio, un ser con una mística y una pasión por las cosas bellas, por las cosas simples y trascendentales, por esas pequeñas cosas alas que rindió tributo Serrat y que solo son capaces de realizar los espíritus elevados, aquellos que son, parece, tan escasos en nuestra ciudad.

Hans construyó una torre. También esta experiencia no sería extraordinaria si no nos imaginamos que la torre es una versión urbana de una capilla altiplánica y fue llevada a cabo con una voluntad también mística, de salvaguarda ecológica y rindiendo homenaje a un gran amigo asesinado por los regímenes de facto. La torre es, quizás por ello, el puesto de avanzada de un combate desigual que enfrenta Hans contra una institución policial dispuesta a arrasar y lotear un área verde, según los planes municipales, en la que Hans plató con un desmedido amor por la naturaleza paceña, centenares de árboles de diferentes especies. Con una voluntad férrea, en un trabajo familiar encomiable, Hans plantó, uno a uno sus queridos árboles, los regó y los dotó de un imaginativo sistema de riego que surca la caprichosa formación gredosa de Següencoma. El día que las fuerzas siniestras del uso del suelo “mercanchifle” decidieron avanzar sobre este precario bosque. Hans interpuso la torre de adobe, simbólica y llena de reminiscencias, que repica sus campanas ante cualquier avance depredador sobre los árboles. Recorriendo el bosque no podemos entender hasta dónde puede llegar la estupidez, la ignorancia y el desamor por esta tierra; no podemos comprender el desamor de aquellos que quieren reemplazar un árbol por una horrible pila de ladrillos de seis huecos que dice ser su casa; un mal reemplazo, de naturaleza por construcción, que sale también de un acabeza de seis huecos.

Abilio y Hans son muestras vivas de un amor a la tierra paceña, un amor que les será correspondido por la madre tierra en el momento mágico del retorno.

jueves, 7 de agosto de 2014

La noche de las cráneos rojos, (habíamos decidido no morir).

Cierro la puerta de casa e invariablemente mi mamá sale por la ventana del primer piso y lanza un algo imaginario hacia mí, yo le sonrío siempre y me voy con cuidado de no resbalar en la esquina pulida inacertadamente en un barrio que es casi un resbalín. Sonrío porque mi mamá me lanza un rayo protector, una onda metafísica que no logro entender del todo pero que se traduce en una acción que logro comprender dolorosamente y es la incertidumbre.

Sonrío porque pienso que muy cerca de allí una piedra manzana me abrió la rodilla cuando caí en la calzada. Había salido sonriente, feliz, pero con algo de retraso, caí, como otras veces, pero no caí como las otras veces porque esta vez teñí de rojo el empedrado. Tras caer y caer uno tiene cierta maña, cae con gracia y se levanta triunfante, esta vez no. Doce puntos, drenaje, hospital, rabieta.
Muletas, pastillas,radiografía.Idas y venidas al hospital, aguja, hilo, y médicos de manos frías, caras de urgencia, caras cortadas, piernas cercenadas, suicidas, alcohólicos.
Emergencias que se atienden en dos horas. Consuela el paseo en silla de ruedas, rodé y rodé por jardines y pasillos.

Sonrío frente a la buena fe de mi mamá, porque ridícula como soy siempre pienso en qué irónico sería darme vuelta para recibir el rayo violeta, resbalar en la esquina, partirme la cabeza.

Sonrío porque me abrí la rodilla antes del rayo, y no he vuelto a ver una asalto desde su aparición, no me han robado, no he tenido que huir  de un taxista sospechoso, no me he roto nada y casi siempre he tenido dinero para el taxi a casa y cuando no, he tenido quien me lleve , no he vuelto a dormirme en el minibús y que me lleve de ida y vuelta, no he vuelto a verte con la cara hinchada ni he limpiado tus  heridas sangrantes desde entonces, no te he visto en emergencias desnudo y entubado al amanecer, con los ojos muy abiertos sin entender nada, acusado de suicida y llamdo rata: sangrando, no te has perdido un par de días, no has deambulado esa sonrisa triste por la ciudad de mañana, ni he dejado el trabajo para buscarte y escucharte cantar ritmos del sur. No hemos pasado juntos otro agosto de viento, lágrimas y sábanas revueltas, estoy protegida. (?)

Siempre he creído que mi buen juicio me protege, pero más que otra cosa creo que mi buen juicio protege a la gente al rededor de preocupaciones innecesarias.

He querido creer que inculcarte buen juicio puede protegerte pero es sólo buena fe, como el rayo violeta pero vestido de racionalidad, mi atuendo favorito para afrontar el sinsentido de la vida.

Sonrío porque quisiera decirte no pasa nada, o pasa todo, como el viento. Pero no se puede.
Le sonrío a mamá porque salvando las distancias quiero creer que la entiendo. Entiendo que no se puede cuidar los cráneos de todos, con suerte el propio, que algunos se romperán y otros dejarán de tener algo que proteger dentro en algún momento, que las mentes que acogen se confundirán y se sentirán perdidas en un punto o en muchos puntos. Muchos puntos se coserán sobre las pieles y muchos otros se pondrán al final de las cartas, las cartas estarán echadas, como tú en la camilla del hospital, como yo llenando crucigramas sin poder dormir, como ella sangrando inconsciente, las cartas estarán echadas, como la suerte, a veces sin conciencia. Mientras, alguien ordena que corten la cabeza de éste o de áquel.

No hay rayo que todo lo cubra excepto la incertidumbre, no hay rayo que detenga el tubo, el puño, el puntapié, la piedra, el misil o la quijada de burro, siendo optimista, cosa que no soy, el rayo nos reconfortará ante la impotencia.

Mi airecillo suicida podría hacerme parecer mas vulnerable, tu aliento de ron y singani podría hacerte parecer lo mismo, pero al final será igual, en algún punto, el punto que une las pieles inconexas y aproxima nuestra carne cerrando heridas, saltaremos de nuevo hacia la vida, mientras podamos.

Alguna frase diré, por no quedarme sin decir nada, te diré que te cuides, diré que me cuidaré, pasaré el día dormida y la noche mirando destellos en la copa con forma de cráneo, limpiaré la mesita de luz, te escribiré y me responderás... frases largas muy largas, me recordarás mi frase favorita, una de los cuatro absolutos: Un día a la vez, dirás, hundía a la vez, jugaré. Este día decidamos no morir, esta noche no muramos.





Mientras escribía esto pensaba en un remix de cumbia y en un cuento de Alejo Carpentier hecho canción: Marcha atrás.





lunes, 10 de febrero de 2014

Palabra y cuerpo.


De tanto pensar(te), detento tu presencia, intento ejercer cierto poder sobre tí pero no te puedo alcanzar mas que con un adjetivo, acariciar  un par de palabras que evocas, acariciar por turnos una g, una x, una m imaginarias que una máquina de escribir igual de intangible golpetea en mi cabeza. Siempre he pensado que la máquina de escribir es un ave hambrienta.
Ávida de verte, divago un poco, paso los dedos en el teclado de plástico, pienso en teclados de Taiwan, bailo un poco, recreo tu piel, recreo, recrear, recrearse, me divierto un poco y te traigo a mi lado en forma de un texto inacabado que imita tus movimientos erráticos, tu sonrisa resignada y esas voces  agudas que usas para coquetear.
Un poco de licor podría ayudarme pero no me gusta el licor, podría decirte que vengas y entretenerme con las luces y sombras sobre  tu piel descuidadamente dejada a mis ojos. Descuidadamente… cuando te vea todas las letras caerán como agua desde mi cabeza y armarán una túnica suave y vaporosa, móvil como mil hormigas caminando sobre curvas y pliegues,  formarán todas las posibilidades de palabras, las que conocemos y las que no existen más que en tu superficie, se detendrá con calma el hormigueo y tampoco podré tocarte, detenerme en una palabra o inventar las que sean necesarias. Intimidad/Intimidar, me intimida un poco tu elocuencia epidérmica.

...verte llegar...


Se armarán músculos y piel, gotas diminutas, un planeta completo, deberé deambular  ya sin palabras, renuncio a declararme observadora absorta, voyeuse, y me declaro vagabunda, deambuladora, saunterer/sauntereuse(¿?)  Tierra Santa la de tu piel, el hormigueo de un ejército de letras se detiene. Impelidos por el deseo labios, lengua (órganos fonadores)  iniciarán una nueva batalla, la conquista de la palabra, algún sonido ahogado emitiremos. Algunas palabras fluirán.

(no podrán mal juzgar a mis labios por acercarse en pos de algunas palabras nuevas)

*****

 Yo quería escribir sobre la ciudad, sobre caminar, olfatear, contemplar, descubrir correr, sobre parkour, scouting técnico, Thoreau, Herbert, método natural, pero me has distraído de nuevo, tú,territorio nuevo. En lugar de planeta puede que seas una ciudad sinuosa, una ciudad con neblina, y así diré (forzadamente) que mi texto habla de deslizarse sensualmente por las calles, por los senderos sin salida por las paredes que se entregan al grafitti, por los dedos que palpan paredes, y los pies que barro, asfalto, concreto, piedra de por medio acarician el suelo urbano, diré que buscaba un discurso nuevo sobre la ciudad, ciudad bailada, humedecida, arrastrada.

El desplazamiento urbano, la movilidad, el placer de habitar,de moverse, y de vivir en la ciudad quedan  pendientes, penden rítmicamente.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

La elegancia de la cicatriz


Miremos sus manos, su abdomen, sus pies, en medio del camino que trazan sus ojos entre estos dos extremos está todo su cuerpo en el que posiblemente tenga cicatrices, la primera de todas: el ombligo.Si no hay un espejo cerca podemos intentar recordar su rostro, y tal vez allí también tenga algunas, varicela tal vez.

¿Le da varicela a las ciudades?


Las ciudades sufren “crecimiento” y así, como púberes humanos sus cuerpos se elongan y aparecen  formas, palpitaciones y reacciones desconocidas, ¿en qué momento sucede? Difícil de definir, alguien dirá cifras: 100.000 habitantes (cita requerida*), alguien dirá densidades, otros calidad urbana.  Nunca he podido definirlo, cuando conocí a mi ciudad andaba en ello, y probablemente le tome algunos años más. Confío que loco como está todo, este desarrollo lo haga  a su manera y abandone a los héroes de su infancia pero tal vez soy demasiado optimista.

Has sido una ciudad traviesa, ¿who´s your daddy?

Muchos modelos y pocos padres, quisiera echarle la culpa a Don Alonso o a don Emilio, pero más bien has sido una ciudad que “se hizo a sí misma”. Te han avergonzado las humedades que te han dado vida, has sido una niña mojigata. Haz jugado con tranvías y trenes. Te han dejado y te han tatuado sus senderos, han recorrido tu piel y han descubierto y propiciado el despertar de tus sentidos.
¿Qué cicatrices nos quedan?
De vez en cuando alzamos la mirada sin comprender, por allí unos carretes de porcelana sin uso, unos soportes de metal forjado, las cicatrices de la elegante llegada de la electricidad, un lujo y un alegría que dejó sin trabajo a los guardianes que encendían y apagaban lámparas de aceite .
La electricidad ya no te parece elegante, pasa rauda, indiferente entre las calles, enredando todo, cortando fotos, cúpulas y obeliscos. Corte de luz. Brillando intermitente 24 horas en alguna esquina, vistiéndose de rojo amarillo y verde en un intento no patriótico, si no racional de orden, sin éxito desde luego, es parte de la adolescencia, tranquila… cuando seas grande…
La electricidad, ahora te gusta decir que hay que ahorrarla, la incandescencia te parece un desperdicio que debe reservarse a las fiestas de diciembre. Es un arranque de snobismo no más, en el fondo te gusta derrochar y lo sabes. Es un arranque de "salvemos al mundo de mí misma", es un poco la culpa de crecer. De tener que tener una opinión, no poder repetir el discurso de tu padre, que no existe, de tu madre, que no conocemos, si no las tendencias, lo que dicen los amiguitos mayores o de tu misma edad, la revista, el catálogo de mobiliario urbano,veremos si  progresas en ello querida y te comprometes de verdad.
¿Dejarás la ducha la secadora, la plancha, la lavadora, la frazada eléctrica, el video juego, la PC, los sistemas de banco, el equipo de diálisis, la ducha?… dirás que harás uso “racional”. Dirás porque te gusta  exclamar, afirmar, gritar, ser contundente en tus declaraciones.
Digamos lo que sea, mientras tanto entre tus calles, seguirán las cicatrices, los faroles, los cables que ya no se usan, la corriente 110, la nostalgia al fin, de algo que amaste pero que al fin se volvió una necesidad y no un placer.
Los placeres pueden dejar cicatrices sí, y las cicatrices nos obligan a olvidar otros, arañar tu pierna por ejemplo, ya no es posible porque la cicatriz dice que no.
La cicatriz del tranvía, del tren, ahora del gas, del agua que corre debajo, de tus venas inyectadas, de tus cerros mutilados, la cicatriz, en fin, de ti misma que ya no serás, que eres. La acupuntura, el pilotaje, el muro de contención, la cortina drenante,  el paisajismo naiv que es tu peinado de niña, colitas que serán dos trenzas, los implantes.
Ya te quiero ver cuando crezcas, ciudad niña, obnubilada por ser grande, ya te quisiera ver,  aunque no pueda, porque tus tiempos no son los míos. 
Corre loca loca, ponte los implantes, píntate la cara, desoye a los otros, araña los límites, tambalea... ... expándete y contráete, resbala, entrégate, vive, hazlo todo pero déjate la cicatriz.

Hazlo todo como yo no tengo valor de hacer y como fracaso al intentar escribir de tí : ciudad, porque aunque prometo no hacerlo, inevitablemente hablo de mí , mirando no en mi ombligo, si no debajo, donde empieza mi propia cicatriz.




Con la mente en esto escuchemos Tu cicatriz en mí
(*evidentemente requiero no una, si no varias citas)